• Sábado, 19 agosto 2017

La calle, el hogar de muchos

Por Regina Montiel Alcázar

Cuando José Antonio García Aguilar, alias “El Porras”, tenía cinco años, sus padres lo abandonan en un parque de la Ciudad de Monterrey. La razón: ausencia económica para su sustento.

El pequeño José, solo, encuentra asilo con un señor que lo adopta, dándole comida y cariño. Ese fue el primer contacto de José con la calle. El señor que lo adopta, a los pocos días lo obliga a trabajar a cambio de comida y cobijo. José pedía dinero en las calles de Monterrey.

Pasó un año y José empezó a ser abusado por aquel hombre. Él no era el único, en la casa vivían otros seis niños y cuatro niñas, mismos que pasaban por la misma situación. El señor los maltrataba físicamente y a las niñas las llegaba a abusar sexualmente.

Seis años después, José logró escapar con un grupo de adolescentes y niños a la Ciudad de México en busca de trabajo y comida. Ya en el D.F y al no tener conocimiento de otro contexto, continúo pidiendo dinero en la calle, posteriormente aprendió a limpiar parabrisas, pero la situación era la misma: la calle.

José vive en la calle Artículo 123, en la delegación Cuauhtémoc, del centro de la ciudad. Está rodeado de personas que con el tiempo se volvieron su familia, muchos de ellos con antecedentes similares a los de él. Aquí le nombran “El Porras”, debido a sus ganas de siempre salir adelante. Entre sus pertenencias se encuentran, una colchoneta, dos cobijas, una cubeta, ropa y su material de trabajo: botellas  y trapos.

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Foto: Regina Montiel

Según la Secretaría de Seguridad Pública, una persona en situación de calle pasa el día y la noche en las vialidades. Este grupo se identifica por haber roto los vínculos familiares y haber hecho de vía pública su hogar. Luis González, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, declaró que este fenómeno se puede observar desde hace más de 40 años, con más de tres generaciones de familias viviendo en la calle.

El artículo primero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, expresa que en el país:

Todas las personas gozaran de los derechos humanos reconocidos en esta constitución y en los tratados internacionales de los que el estado mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta constitución establece.

Es decir, se establece una igualdad antes los ciudadanos mexicanos, en el que todos tienen los mismos derechos y obligaciones. En cuanto a la gente que vive en situación de calle, esta declaración queda en duda, debido a la falta de servicios y recursos que estas personas se enfrentan. Hoy en día existen más de seis mil personas que viven bajo esta situación en el Distrito Federal, y el número va en aumento.

Problemas como el desempleo, la pobreza, las adicciones, el maltrato, la insalubridad, la delincuencia, entre otros han ayudado al desarrollo del fenómeno callejero, rompiendo un vínculo de estabilidad y volviendo a las personas vulnerables.

 

Sobreviviendo día a día

 

Así como “El Porras”,  Nelly se quedó sin hogar, abandonada a los 10 años por sus padres. Ella vive con 13 personas más, entre ellas “El Porras”. Entre ellos comparten cobijas y ropa, misma que normalmente les dura un mes, para después romperse o ser robada.

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Foto: Regina Montiel

“Duermo en una colchoneta que la compré por $150, cerca de Tepito. Ahí compro mis cubetas para bañarme y hacer mis necesidades. Las aviento en las coladeras o en las mismas calles. Les ponemos un poco de jabón para carros por aquello del olor. Yo comparto todo, porque mis hermanos así los hacen,” declaró Nelly.  La gente que vive en estas condiciones cuenta con muy pocos servicios. Sin embargo, ellos se adaptan para que la vida se les dificulte menos.

“Todos los días nos reunimos a cantar y a rezarle al señor (Dios). También, por las noches nos rolamos la ‘mona’ (droga que está hecha de tiner, gasolina, cloro y veneno para ratas), porque nos acerca más a Cristo y a la Virgen. Nosotros como familia, tenemos mucha fe en que vamos a salir adelante. Yo quiero ser cocinera o también me encantaría ser maestra de baile,” explicó Nelly.

La gente en situación de calle suele acercarse mucho a la religión debido a que buscan una esperanza. La droga los adormece y hacen que se sientan más calmados. Al sentirse cerca de la religión, piensan que van a ser perdonados o salvados.

“Los círculos sociales dentro de un sistema son muy difíciles de corromper, desde el punto psicológico, siempre podrán cubrir la necesidad psicológica de pertenencia, porque viven en conjunto y evolucionan de igual manera,”  enunció el sociólogo Andrés Cravioto, especialista en la sociedad mexicana. “Ellos sienten que viven dentro de una familia, es su forma de vivir, desde que algunos tienen conciencia, lo que se dificulta romper este círculo para buscar la reinserción en la sociedad.”

Imposible la cultura de higiene

 

Las personas que viven en la calle no suelen tener buenas condiciones de salud, debido a las falta de servicios y recursos que las misma ciudad no les otorga. También el estilo de vida influye mucho en su salubridad. La falta de higiene es la mayor causante de enfermedades en estas personas.

La mayoría sufre de gripe y tos crónica. Al tener una herida, esta tarda mucho en curarse, porque la ropa se encuentra húmeda, causando en ocasiones infecciones.

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Foto: Regina Montiel

Al no ser aceptados por la sociedad, a la gente que vive en la calle se les niega la entrada de muchos lugares, como hospitales, supermercados y restaurantes. Se vive un gran rechazo hacia la convivencia con personas en situación de calle.

“Como parte de una organización benéfica, me ha tocado llevar a niños y jóvenes a hospitales, para que los atiendan de heridas o enfermedades. El caso que más me impactó, fue de Toño, un niño de seis años, que sufrió una herida por navaja al ser asaltado por la misma gente, al querer robarle la ‘mona’. Toño, fue recibido en el hospital Belisario Domínguez, donde fue atendido. Sin embargo, se le quedó la herida abierta y tuvo que vivir 14 días con los intestinos en una bolsa de supermercado. Al darme cuenta, lo llevé a un hospital privado donde le negaron el paso. Toño al poco tiempo fue declarado muerto a las afueras del hospital. Una experiencia que marcó toda mi vida,” expresó Tere Dewitth, fundadora de la organización Ponte En Mi Lugar.

Así como Toño, existen más casos de muerte o daño permanente, debido a la falta de salubridad. Ellos comparten y reciclan el aguan con la que se bañan, así como la comida.

El mexicano, suele ser limpio. Sin embargo, el comportamiento se aprende gracias a la herencia familiar de tradiciones y actitudes. Las personas en situación de calle, carecen de ello. Por eso, lo ven muy común y algo habitual para ellos; se les es muy difícil tener cultura de higiene.

Rechazo de la sociedad

“La problemática que enfrentan la gente que habita las calles es que no pueden encontrar cierta función, lo cual, causará que se sientan fuera de la misma sociedad. Por otra parte, los individuos con una función, jamás, podrán tomarlos en cuenta como parte de su círculo si no les aportan algo. Este fenómeno lo podemos analizar desde la teoría del Estructuralismo de Piaget. Esta situación se tiene que analizar como dos sociedades diferentes, aunque compartan los mismos límites geográficos,” explicó Andrés Cravioto.

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Foto: Regina Montiel

Las personas que viven en la calle no se sienten parte de la Ciudad de México, debido a las agresiones que se les han presentado en la vida. Estos se enfrentan con muchos ataques cuando salen a trabajar. La gente normalmente les voltea la cara y pasan desapercibidos.  Les cuesta mucho trabajo acercarse a las personas por miedo y desconfianza.

“El mismo modo de vida, los aleja de la sociedad, por el simple hecho de no dormir bajo un techo. Las autoridades en vez de apoyarlos los rechaza.  Los policías deben de cumplir cierto número de arrestos  para que termine su turno, y se van contra esta gente, ya que son los más vulnerables. Hacen operativos en busca de droga, donde se les ha involucrado con cocaína. Ellos ni siquiera pueden pagarla,” mencionó la fundadora de la fundación Ponte en mi lugar.

Las autoridades se negaron en otorgar una entrevista, en busca de una explicación ante estos hechos.

 

Sin escuela, sin trabajo

 

Las personas en situación de calle cuentan con un nivel casi nulo de educación. Ésta no se le impartió por falta de interés, si no, fue alejada al abandono de sus padres.  Ellos no saben que la educación es un derecho de todos.

La gente que vive en las calles, sufre de un analfabetismo grave, además de las herramientas de comunicación y relación que te otorga una escuela.

“Al contar con una educación, los niños y jóvenes que viven en la calle pueden llegar a tener un mayor nivel de decisión y de aprendizaje para que estos no sean engañados por alguien más fuerte que ellos. Creo que la educación es un factor muy importante para que esta gente salga adelante. Al no contar con el grado necesario, se les cierran puertas de trabajo y ellos se conforman con lo que conocen. Si tienen buena educación pueden llegar a tener una mejor situación económica,” declaró Tere Dewitth.

Debido a falta de herramientas y conocimientos, la gente vulnerable se deja engañar muy rápido. Como el caso de “El Porras”, además de su corta edad, no conocía, ni sabía otra cosa que hacer más que pedir dinero y lavar el parabrisas de los coches.  Hubo personas que se aprovecharon de él y lo amenazaban para que repartiera droga por las calles.

Luchando por unas monedas

La mayoría vive con 40 pesos diarios. Estos los sacan de la limosna de las calles y luego los reparten entre ellos. O bien, se lo dan todos a un  líder y este lo reparte en forma equitativa. Si trabajan vendiendo algo, pueden llegar a ganar hasta 100 pesos diarios, lo cual no está muy mal, sin embargo , ellos no saben como gastarlo y muchas veces compran drogas como la ‘mona’.

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Foto: Regina Montiel

“A las personas que viven en la calle si se les contrata en un trabajo en un supermercado o en una pastelería, normalmente van a ganar el salario mínimo. Menos de lo que pueden llegar a ganar diario. Es por eso que regresan a su estilo de vida y a su forma de ganar dinero.  El sistema debe de mejorar, para que se le ofrezcan varias propuestas para mejorar su condición de vida,” declaró el sociólogo Andrés Cravioto.

A falta de buenas condiciones, esta gente recurre a la delincuencia y a la trata de personas, para así poder mantenerse en su propio ritmo de vida. Caen debido a su vulnerabilidad.

Las personas en situación de calle, tienen una vida miserable, como dijo Nelly, “He pasado por cosas muy fuertes desde que mi familia me corrió de mi casa a los nueve años; me han vendido y he sido abusada sexualmente. He tratado muchas veces de curarme y encontrar una rehabilitación, pero cuesta mucho trabajo. Creo que si esto no hubiera pasado y si mis papás me hubieran querido, mi historia sería diferente.”

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