• Domingo, 30 abril 2017

El fotoperiodismo como arte

Por Alma G. Meza Pérez Ponce

Henri Cartier-Bresson: La Mirada Del Siglo XX
Curador Clément Cheroux
Museo del Palacio de Bellas Artes
25 de febrero 2015- 17 de mayo 2015

 

La profesión del fotógrafo tiene una naturaleza demandante. Es una proeza de manejo de tiempo y genio que Henri Cartier-Bresson haya sido tan prolífico en tantas expresiones artísticas además de la fotografía. Fue artista gráfico, fotorreportero, cineasta, dibujante y activista. En medio de todo lo anterior, de alguna forma se dio tiempo también de plasmar en fotografía las realidades bélicas o sociales del siglo pasado.

Habría que decir que debido a la maestría con la que usa la cámara resultaría fácil para el espectador olvidar por un momento que antes de ser fotógrafo, Cartier-Bresson entrenó como pintor. Antes que usar la cámara como instrumento usó sus ojos. Las condiciones de su vida ayudaron a su desarrollo profesional. Hijo de la alta sociedad francesa, tenía grandes conexiones con las esferas políticas y culturales de su tiempo. Esto le permitió estudiar con un pintor que trabajaba con el estilo cubista y que pasaba su tiempo con André Breton. Si se puede notar sus tendencias políticas y estética poco convencional es porque en sus años formativos estuvo en contacto con las altas esferas del pensamiento y cultura de su tiempo.

Las luces tenues del Museo del Palacio de Bellas Artes facilitan que los ojos se aclimaten al banco y negro de las fotografías colgadas en la pared. Las obras están colocadas de manera reminiscente a un laberinto. El espectador entra y da vuelta, una y otra vez, hasta que una vez acabado, sale por las puertas automáticas que han sido teñidas de negro, para evitar que se vea desde fuera.  El recorrido se divide de manera cronológica y temática. Empieza por su introducción al arte y termina con lo que hizo después de retirarse de la fotografía, fácil de entender para el no iniciado en la obra y para el desconocedor del arte.

El que comprenda de corrientes y de técnicas sabrá que casi todas las imágenes de la exposición ejemplifican los elementos clásicos de las vanguardias pero también un profundo conocimiento, semejante a la intuición, de los componentes básicos de la estética de la fotografía.  Si bien sus trabajos posteriores se adherían más al protocolo periodístico, las cualidades estéticas nunca se dejaron de lado. Este conjunto de “noticia” con “estética clásica” es lo que le da su sello. El blanco y negro de su trabajo aporta estilo mientras que su destreza técnica le da singularidad.

La mirada antropológica del que David Präckel califica como el mejor fotógrafo del siglo XX, padre de la fotografía callejera y del fotoperiodismo, es evidente en las imágenes elegidas para esta exhibición. Obsesionado con la forma y la composición, la exposición deja claro algo que a primera vista puede ser pasado por alto: Cartier-Bresson cubrió una miríada de países, un puñado de temas y sin embargo, su estilo es distintivo e inconfundible. En sus fotografías el juego está en la geometría. Por mera serendipia o porque el fotógrafo pasaba horas esperando que la composición se armara frente a sus ojos, sus fotografías tienen todo “en su sitio”, son el momento “mágico circunstancial”.

 “Para mí, la cámara de fotos es un cuaderno de esbozos, nada más. Y un esbozo no es un dibujo, es algo inmediato. Pero posee todas las cualidades de algo tomada del natural. Captar las cosas del natural, cuerpo a cuerpo.” Dice el fotógrafo y esta intencionalidad está presente en su trabajo. De acuerdo a la definición del fotoperiodismo de Pepe Baeza este “rompe la monotonía del texto y convence al lector de que la imagen complementa la nota” y esto lo hace Cartier de manera socialmente relevante y técnicamente innovadora, conjuntando arte y noticia.

Ya sea fotografiando el funeral de Gandhi o capturando la realidad casi banal de la cotidianidad en México su lente captura y construye. La exposición con su museografía laberíntica, luces apagadas y curaduría cuidadosa logra mostrar su manera de trabajar y los resultados que obtenía Cartier-Bresson al crear un “telón” y esperar que algo ocurriese en él. Aquel “instante decisivo” congelado para la posteridad a través de su mirada astuta cubre las paredes del museo para el deleite de quien lo vea y para la crítica de los que digan que el fotoperiodismo debe ser dedicado a la actualidad  antes que al arte.

De sensibilidades portentosamente artísticas, Cartier-Bresson jamás olvidó que la fotografía era ante todo una forma de expresión y logró, como pocos han podido, amalgamar esto con las necesidades más estériles del periodismo fotográfico. Un esteta entregado a la satisfacción de los sentidos y a la evocación de sentimientos, consiguió en su larguísima y productiva carrera hacer análisis profundos del tiempo libre, la antropología y las relaciones de las personas con su entorno.  Esta exposición retrospectiva estará en el museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 17 de mayo de 2015.

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