• Lunes, 20 noviembre 2017

De esquina a esquina con Ignacio Beristáin

 

 

 

Entrevista – Adrián García Mendoza / Foto – Adán Tamariz

Con 53 años de carrera como mánager profesional, Ignacio Beristáin se ha convertido en una institución de la enseñanza boxística en México. Sus 26 campeonatos mundiales y sus casi cien peleas titulares lo han hecho acreedor al Salón de la Fama del Boxeo Internacional y a ser nombrado por el World Boxing Council como el mejor entrenador en la historia. A sus 75 años de edad, aún quiere cuatro campeonatos más.

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México, D.F., 22 de octubre de 2014. Al oriente de la Ciudad de México, en las inmediaciones del Autódromo Hermanos Rodríguez, se encuentra el gimnasio Romanza. La fachada no es propia de un lugar al que asisten personas capaces de ganar hasta 10 millones de dólares en cuarenta minutos. El modesto Romanza está lejos de cualquier reflector. Así lo prefiere don Nacho, así le gusta trabajar.

El acceso es fácil, y el ascenso al primer nivel está acompañado por el sonido de golpes secos pero acompasados. Una vez arriba, lo primero que se observa es una pequeña oficina. La puerta siempre abierta para todos. Adentro está Ignacio Beristáin, conocido como el mejor mánager en la historia del boxeo mexicano. Está con un muchacho recién llegado de provincia, que saca los únicos dos billetes que había en su cartera para pagar su inscripción al Romanza. Dice venir de Torreón Coahuila, tierra de grandes púgiles.

“Algunos chicos llegan y quieren ser como Juan Manuel Márquez. Esa es una gran ventaja y un gran compromiso para nosotros, el de mantener el estatus técnico del gimnasio, el prestigio”, dice don Nacho.

De pronto, el sonido del teléfono interrumpe cualquier conversación e inaugura otra. Se trata de una llamada desde Venezuela, porque Beristáin es reconocido en cualquier país en el que se practique el boxeo. Él contesta algunas preguntas y promete ir a visitarlos pronto.

“En la actualidad entrenan con nosotros el campeón nacional de peso completo y otro chamaquito que lleva 22-0 y que pelea defendiendo el título mundial gallo”, explica Beristáin al colgar. Lo hace con naturalidad, como si se tratara de cualquier cosa.

Don Nacho regresa al tema de los “muchachitos” que llegan a su gimnasio. “Provienen de familias difíciles y vienen a tirar el estrés aquí, a desquitarse de los problemas que tienen en casa. Vienen al gimnasio con ese coraje, y cuando suben a pelear es igual”, apunta.

Con un dejo de nacionalismo exacerbado, el mejor entrenador en la historia de boxeo mexicano reconoce que “La raza es la raza”.

“El mexicano es guerrero; al mexicano le gusta luchar contra la adversidad. Es un peleador que se entrega y que busca la manera de que le levanten la mano”, acota con convicción.

Le gusta comparar a sus “muchachitos” con una piedra preciosa, sabedor de las implicaciones de esa metáfora.

“Tienes que trabajar con el peleador desde un principio, ir corrigiendo todos los malos hábitos técnicos; no es fácil. Se necesita vocación, paciencia para ir moldeándolo poco a poco. Es como una piedra preciosa; tienes que hacerla brillar para venderla bien”.

Y vaya si las ha sabido vender bien. Según Beristáin, el dinero y sus consecuencias son el principal motor de quienes llegan a boxear. Se estima que en la última pelea de Juan Manuel Márquez, el entrenador se embolsó cerca de un millón de dólares; el peleador, nueve más.

“Generalmente todos los peleadores arriban a esto para disfrutar de las bolsas. No todos los que llegan al gimnasio tienen éxito. Algunos llegan porque quieren que en el barrio o en su entorno la gente vea que es boxeador, que lo admiren, que a lo mejor va a tener muchas novias, en fin… qué se yo. Se aprovechan de la popularidad momentánea que les puede dar el boxeo, pero hay unos que los golpes los retiran o los convencen que éste no es el camino”.

Sin embargo, nada de lo anterior se consigue sin trabajo, común denominador de su discurso. Al final del camino, los frutos que se cosechan son proporcionales al esfuerzo.

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“Lo mejor del boxeo es disfrutar de la satisfacción de ver tu esfuerzo arriba del ring cuando ganas un campeonato del mundo. No hay palabras para poderte describir la sensación que se siente ver a un peleador que lo viste llegar a tu gimnasio y lo fuiste formando, lo ves pasar en el terreno amateur y de repente, verlo arriba del ring ganando un título del mundo es maravilloso”.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas en el boxeo, al menos desde la perspectiva de don Nacho, quien denuncia a más de un interesado dentro del deporte.

“Hay mucha gente de pantalón largo que le hace daño al boxeo. Prolifera mucho vividor de esto. Hay quienes vivimos para el boxeo y hay gente que vive del boxeo, del trabajo y del esfuerzo de otros. Es muy difícil, mucha gente ve que este es un negocio productivo, que es una pequeña vitrina para que se impulsen a otros niveles, y llegan y empiezan a hacer daño. Hay gente que está de “mirandija” nada más para ver qué se puede”, afirma.

Los políticos no se escapan de las acusaciones de don Nacho. Cuando le pregunto si hay quienes utilizan el boxeo con un propósito diferente al deportivo, Beristáin responde que “¿cómo no?”.

“No solamente del boxeo, de cualquier otro deporte o de cualquier deportista que tiene éxito. Es muy atractivo para que los políticos aprovechen la oportunidad para hacerse de más votos” explica.

Quien paga los platos rotos es el boxeo, cuya credibilidad ya ha sido anteriormente cuestionada.

“A veces se vuelve un poquito sospechosa la actitud de los jueces. Uno piensa que son seres humanos y que son susceptibles a equivocarse, pero ya tan continuamente ha habido problemas de ese tipo que uno deja espacio para sospechar que son gente malintencionada”, explica el entrenador, que en más de una ocasión ha sido víctima de un decisión controvertida.

Más allá de las personas que empañan el boxeo, don Ignacio quiere seguir. Con un dejo de pena, confiesa haberse “rajado” con respecto a su promesa de retirarse del boxeo cuando llegara a 25 títulos mundiales. Su nuevo objetivo son 30 cetros, pero no depende solamente de él.

“Hace dos meses tuve dos infartos y fui a parar al hospital. Me hicieron ahí un proceso en el corazón y he estado convaleciente. He estado trabajando bajo la mirada del cardiólogo que me operó y me he recuperado bastante. Yo creo que si sigue funcionando todo bien voy a estar un poquito más dando lata aquí”.

Antes de terminar, el nacionalismo de don Nacho se vuelve a exacerbar. Mira a la nada y apunta que no quiere ser recordado como alguien que tuvo suerte.

“(En mis logros se refleja) nada más el compromiso de ser un mejor mexicano, que la gente no piense que fue flor de un día o que fue por suerte. Muchos mexicanos manejan que la suerte existe, pero si la surte existiera, yo quisiera que me dijeran dónde, para ir a comprar cinco kilos”. Posteriormente, a Beristáin se le escapa una sonrisa.

Para finalizar, don Ignacio expresa su último deseo. “Quiero 30 títulos antes de irme, no retirarme sino irme de este mundo de los vivos. Tengo 75 años, y después de los 50 uno empieza a pensar que es uno como las pelotas de golf, cada vez más cerca del hoyo”, finaliza.

 

 

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