• Lunes, 20 noviembre 2017

Cómo funciona una casa hogar: el caso de la Fundación Quinta Carmelita

Por Alejandra Muñoz

 

Todos los días, alrededor de las 7 de la mañana, comienza el día en la Fundación Quinta Carmelita. Niños y niñas despiertan. Risas, gritos, llanto y voces pueden escucharse por toda la casa, es el ruido que podría escucharse en cualquier hogar, el ruido de vivir en familia.

La casa hogar Quinta Carmelita, forma parte de los 922 albergues que hay en el país y es parte de los 805 privados dentro de la lista, de acuerdo a datos de la fundación En Pantalla contra la violencia infantil. La Fundación cuenta con 30 años de trayectoria y ha hecho posible que más de 450 niños y niñas puedan pertenecer a una familia.

 

Rutina dentro de la casa hogar

Todo empieza cuando las yayas despiertan a los niños. Uno a uno, van preparando a los chicos para el día: vestirse, lavarse los dientes, peinarse, arreglarse, etc. Cuando todos están listos, llega el momento del desayuno, todos bajan al comedor, dan las gracias por los alimentos que están a punto de comer y desayunan.

La rutina dentro de la casa hogar involucra, a por lo menos, 25 niños y 4 yayas por turno. Las yayas, además de ser las figuras de autoridad de los niños, son las mujeres encargadas de proveer de amor y cuidados a cada niño y están preparadas física, psicológica y académicamente para brindar el mejor trato a los pequeños que tienen a su cuidado.

A diferencia de otras casas hogar, la Quinta Carmelita se organiza por callis, que significa casa en náhuatl. No dividen a los pequeños en niñas, niños y bebés, sino que cuentan con cuatro callis, clasificados por color (azul, morado, rojo y verde), en los que duermen aproximadamente ocho niños, procurando así que los hermanos convivan más tiempo y que la convivencia entre niños y niñas se dé más natural.

Por cuestiones de logística, las rutinas de los niños son divididas por su nivel escolar. Los niños de kínder van a clases en la mañana, mientras los de primaria juegan y hacen sus tareas en la casa. Los más pequeños regresan de clases a jugar y hacer tarea, mientras los de primaria van a clases. Y los niños de maternal van a sus clases o terapias durante la tarde. Al final del día todos los niños se encuentran en el comedor de la casa para la cena y después,

la hora de dormir.

La funcionalidad y logística de la casa es gracias al trabajo de la coordinadora de hogar, Bárbara Munguía. Ella se encarga de que las cosas se hagan en el tiempo y lugar correspondiente y tiene a su cargo a las yayas y al área de pedagogía.

Además de sus actividades académicas normales, los niños tienen clases extracurriculares de natación, arte, computación, viajes de fin de mes y otras actividades que hacen que los niños se desarrollen personal y socialmente.

La organización de estas actividades está a cargo de Delfina Ramos, coordinadora del área de pedagogía. Ella también es responsable de que los niños hagan sus tareas, proyectos y de monitorear el desempeño académico de los niños para saber si es necesario darle atención especializada a algún menor.

Otro aspecto importante dentro de la Fundación, es que todos los niños, sin importar el tiempo de estancia que tengan, deben ser escolarizados. Para esto, los niños pueden entrar en cualquier momento del ciclo escolar, «tanto la supervisora de zona educativa y los directores de preescolar y primaria nos brindan esta facilidad, incluso si un niño está por temporada breve dentro de la Fundación también es ingresado al preescolar o primaria, y se le brinda la misma atención que a los niños que tendrán una estancia prolongada», añade Delfina Ramos.

La idea de la rutina diaria y las actividades extras es que los niños puedan desarrollarse correctamente para que, al salir de la institución, logren tener una vida exitosa e integrarse adecuadamente a la sociedad.

 

¿Cómo llegan los niños a la Fundación?

Todas las niñas y niños tienen derecho a vivir en una familia, a que se proteja su vida, su supervivencia, su dignidad y a que se garantice su desarrollo integral. Los niños que se encuentran en la Fundación vienen de alguna situación en la que sus derechos fueron violentados.

Actualmente hay más de 30 mil niños y adolescentes viviendo en albergues, casas hogares u orfanatos, según datos del INEGI. Y según datos de la Red por los derechos de la infancia, hay otros 29 mil menores que no tienen cuidados familiares o institucionales. El DIF también estima que el número de menores institucionalizados llegará a 33 mil 242 para el 2040.

Los menores que ingresan a la Fundación son primero canalizados al DIF, esta institución después los manda a las diferentes casas hogar en el país y, dependiendo de la capacidad de cada una, reciben a los niños.

En el caso de la Quinta Carmelita, debe hacerse un filtro antes de entrar, es ahí donde se decide si un niño puede quedarse o no. Por ejemplo, no pueden recibir a menores que presenten alguna discapacidad física porque las instalaciones de la casa y el personal no está capacitado para tratar debidamente las necesidades del menor. Lo mismo ocurre con los menores que tengan alguna condición de salud mental que pueda afectar a los demás niños de la casa. El proceso de ingreso es cuidadoso para poder asegurarse de que el pequeño recibirá el mejor cuidado posible.

La casa está habilitada para recibir a un máximo de 30 niños, de los 0 a 6 años, «esto pensando en que tengan un margen de tiempo amplio en lo que se resuelve su situación legal y son reintegrados a sus familias o adoptados», mencionaBárbara Munguía.

La mayoría de las veces, los niños llegan a través del DIF, pero existen casos en los que los padres llegan a la casa hogar y ceden la patria potestad, ya sea por falta de solvencia económica para mantener al niño o por falta de interés en criarlo.

 

¿Qué opciones tienen los niños para salir de la Fundación?

Ante de comenzar el proceso de adopción, se hace todo lo posible por buscar familiares cercanos de los menores, en caso de que los padres no se hagan cargo. Pueden ser tíos, abuelos o primos que puedan criar a los niños. La idea de esto es que los menores puedan crecer con sus familias biológicas. Si la búsqueda de familiares no produce resultados o los familiares no pueden hacerse cargo, se opta por la adopción.

También está el caso en el que los padres biológicos pelean la patria potestad de los niños y después de demostrar que se encuentran aptos tanto física, psicológica y económicamente para recuperar a sus hijos, se procede a la reintegración familiar, «afortunadamente, este año hemos tenido muchas [reintegraciones]», comenta Bárbara.  Después de la reintegración, se monitorea durante dos años el estado de los padres y los niños, aunque los años pueden variar dependiendo del caso.

La última opción es la adopción. Cuando se ha demostrado que no hay familiares que se puedan hacer cargo y los padres ceden la patria potestad de sus hijos, el niño es candidato a adopción. De acuerdo a los padres que presenten solicitud, se buscarán los mejores para el niño.

 

La adopción

Si bien el proceso de adopción tiene numerosos requisitos que deben cumplirse al pie de la letra, el tiempo máximo que toma un proceso dentro de la Fundación es de dos años. Todo comienza con una plática introductoria en la que se explican los pasos a seguir, siguen numerosos estudios psicológicos, socioeconómicos, pruebas y convivencias con el menor. Pero, de entrada, los primeros requisitos son ser mayor de 25 años, comprobar dos años de matrimonio o concubinato y tener mínimo 17 años de diferencia con el menor a adoptar.

En el caso de los hermanos, la Quinta Carmelita y otras instituciones, buscan que no se separen y que sean adoptados por la misma familia. Cuando esto no es posible, las familias adoptantes contraen el compromiso de que los hermanos sigan en contacto durante toda su vida y a mantener reuniones entre ellos.

Según datos del INEGI, de los más de 30 mil menores institucionalizados, 70% tiene problemas para ser adoptados porque sus edades van de lo 7 a 18 años. Lo que se traduce en que los padres adoptivos buscan mayormente a bebés o niños menores de 7 años.

Hasta 2015, cada entidad del país ha legislado la adopción de forma diversa, dado que el derecho a la familia es materia local. Sin embargo, también en 2015, la diputada Daniela de los Santos Torres propuso incluir en el artículo 73 Constitucional la facultad del Congreso para expedir una Ley General de Adopción, así el proceso se simplificaría y más niños tendrían posibilidad de ser adoptados.

 

Los niños que no son adoptados

Como se mencionó antes, los padres adoptivos optan por adoptar niños pequeños, por lo que un gran porcentaje de niños “mayores” se quedan a la espera de una familia. En Quinta Carmelita «afortunadamente nunca hemos tenido un niño que se quede más allá de sus 10 años», añade Bárbara, con todos se ha logrado la reintegración o adopción.

Pero en los casos en que ninguna de las opciones sea viable, los niños son enviados a una institución que se encargará de proveerlos con cuidados, amor y, en caso de no lograr la adopción, también se encargan de hacer un plan de vida con cada menor y de enseñarles un oficio para que al salir, puedan ser independientes y productivos a la sociedad.

También existen casas hogar que se quedan con los menores hasta que éstos cumplen la mayoría de edad y al igual que las instituciones antes mencionadas, se les provee un plan de vida y se les enseña un oficio.

Hasta hace poco una niña en Quinta Carmelita esperaba a que la adoptaran, había pasado más de seis años en la Fundación y la preocupación por su posible institucionalización era creciente entre el personal del lugar. Para fines del reportaje y por respeto a su privacidad y la de su familia, llamaremos a la niña Ana.

Ana había estado desde los tres años en la Fundación, pero su proceso de adopción no podía empezar porque su familia biológica había estado peleando la custodia durante varios años. Cuando por fin se pudo iniciar el proceso, Ana ya era considerada “mayor” por la mayoría de los padres adoptantes, por lo que su espera se prolongó varios años más. La conducta de Ana comenzó a tornarse agresiva, se cree que por la frustración de ver a sus amigos irse, mientras ella se quedaba. Después de un gran trabajo por parte de la Fundación, finalmente, el pasado jueves 11 de abril, Ana tuvo su despedida en la casa hogar y fue a vivir con su nueva familia, una familia ejemplar que ahora se hará cargo de brindar todo el amor y apoyo que la niña necesita.

El caso de Ana es un ejemplo de que siempre hay familias dispuestas a adoptar niños mayores, familias amorosas y comprometidas con el bien de su nuevo hijo.

 

Mantener una casa hogar

La Fundación se mantiene gracias a donaciones, tanto de empresas como de personas físicas. Las donaciones pueden ir desde ropa de niño o niña de cualquier edad, hasta muebles como camas, mesas, sillas, etc. También se pueden donar útiles escolares, mochilas o cualquier cosa que esté en buen estado.

Otra forma en la que la Fundación se mantiene es gracias a la labor de voluntarias o voluntarios que donan su tiempo o talento y conviven, enseñan y juegan con los niños. Puede ser desde una hora a la semana hasta un voluntariado permanente de un año.

Sea mucho o poco tiempo que se pueda dar, siempre será una de las cosas más valiosas que se le pueden otorgar a un niño.

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