• Domingo, 30 abril 2017

Ambulantaje, la punta del iceberg de la informalidad

Por Jessica Cuapio.

Ciudad de México, a 27 de noviembre 2014.

A pesar de las intenciones de la reforma hacendaria con el programa Crezcamos Juntos respecto a modificar la informalidad, el ambulantaje ha crecido inevitablemente en los últimos años en la Ciudad de México, lo que ha llevado a que miles de familias dependan de ello, y aunque este modelo de negocio pareciera ser poco o nada organizado, si miramos más allá de la superficie, encontramos una estructura definida e inclusive muy rentable para algunos de sus beneficiarios.

Fotografía por Jessica Cuapio.

Fotografía por Jessica Cuapio.

A lo largo de la ciudad, la oferta de mercancías crece día con día. Existen cientos de productos que ofrecen los vendedores en las calles y avenidas más transitadas, que van desde alimentos y bebidas, artículos novedosos, productos para el hogar, accesorios para el automóvil y casi cualquier objeto que pueda ser trasladado por un vendedor en la vía pública.

Aunque genera múltiples problemáticas para la ciudadanía, el comercio informal llega a significar un mayor equilibrio económico y oportunidad de avance para un alto porcentaje de mexicanos. Cerca de 60% de los trabajadores en México se desempeña en empleos informales, ya que esta opción laboral les ofrece la oportunidad de ganar aproximadamente el doble del salario mínimo y en diversas ocasiones, incluso un sueldo mucho más elevado al que conseguirían trabajando en un empleo formal.

Fotografía por Jessica Cuapio.

Fotografía por Jessica Cuapio.

La informalidad

Para las autoridades encargadas de regular estas actividades, parece ser más conveniente mantener diversos arreglos personales con los encargados de organizar las redes a las que pertenecen estos comerciantes, que evacuarlos o exigirles un permiso para laborar en la vía pública.

Los vendedores ambulantes por pertenecer al ámbito informal pasan por alto los impuestos debidos. Sin embargo parecen no sentirse culpables de esto, ya que desde su perspectiva, el gobierno no se ocupa tampoco de la problemática existente en el mercado laboral o lo correspondiente al salario mínimo, puesto que no genera para ellos las oportunidades laborales o el apoyo para su crecimiento como individuos. Al menos así, es el panorama para Eduardo, quien trabaja como vendedor de merengues a pesar de haber estudiado una ingeniería en el IPN.

Fotografía por Jessica Cuapio.

Fotografía por Jessica Cuapio.

Empresarios de la calle

Ser vendedor ambulante es muchas veces más difícil de lo que se cree comúnmente. La mayoría de ellos son empleados y trabajan alrededor de ocho horas bajo el sol para un “patrón”, el cual es el encargado de proveerlos de mercancías como elotes, esquites, frituras, botanas y tamales.

Tal es el caso de Arturo, que nació en Oaxaca, tiene 15 años , reside actualmente en la ciudad de México y abandonó su estado natal para buscar una mejor oportunidad de vida. Arturo trabaja como vendedor en un carrito de papas fritas como la mayoría de su familia.

Todos los días, él camina una hora y media para llegar al punto donde estaciona su puesto. Sólo puede comer antes y después del trabajo, pero su sueldo incluye las comidas y la renta de su cuarto, pues vive con su tío, quien es el patrón y tiene a su cargo a otros siete empleados que hacen lo mismo. Reciben un mismo sueldo de 100 pesos diarios de los 600 o 700 que acumulan al final de día por la venta de su mercancía; el resto es para el patrón.

Respecto a su futuro a largo plazo, Arturo cree que no es necesario acumular ahorros, ya que espera que sus hijos se hagan cargo de él cuando sea de edad avanzada.

Los otros siete vendedores están en los alrededores de la misma zona, y llevan una vida similar a la de Arturo. También vienen de distintos estados de la república y algunos de ellos no dominan completamente el español. A la mayoría de ellos les parece que su empleo es peligroso por los asaltantes y por los automóviles. Inclusive en ocasiones han sido atropellados, sin embargo consideran que “no es nada grave, uno sigue viniendo a trabajar, aunque dicen que con el tiempo salen las cosas”,declara Luis, uno de los empleados. Con la autoridad no tienen ningún problema, ya que el jefe se encarga de “ajustar” los permisos con los policías y la delegación.

Tienen la esperanza de cambiar de empleo porque aunque les gusta su trabajo quisieran ganar más dinero. A Luis, por ejemplo, que es otro empleado de la misma zona, le gustaría trabajar como chofer de un microbús y posteriormente entrar al ejército. Para todos ellos es casi imposible ahorrar, ya que todo lo que ganan lo destinan a gastos básicos como casa y comida, todas estas cuestiones contribuyen a que les sea difícil imaginar su futuro, por lo que prácticamente su porvenir es incierto.

Subempleo

Eduardo, egresado de ingeniería del IPN y a falta de empleos en su respectiva área de estudios, tuvo que recurrir a la misma ocupación de su padre: vendedor de merengues ambulante pero independiente. Él hace su propio producto y lo vende entre el tránsito de automóviles en la avenida Miramontes, al sur de la Ciudad de México. Habitualmente viaja una hora en microbús para llegar al punto donde se estableció como vendedor, donde pasa de ocho a nueve horas para recaudar alrededor de 700 pesos por día, de los cuales destina una pequeña parte para la compra de ingredientes; otros 50 pesos están destinados a los ahorros personales que serán empleados en su jubilación.

Eduardo emigró a Estados Unidos en 2007, pero se vio obligado a regresar a México desde hace tres años y desde entonces vende merengues. Le agrada su trabajo porque se dice “dueño de su propio tiempo, dinero y esfuerzo”, aunque también lo cambiaría si le ofrecieran algo mejor o relacionado con la carrera que estudió. Piensa seguir trabajando hasta que sea mayor, si es que antes no es atropellado por un automóvil, comenta. “Trabajar como vendedor ambulante es la mejor opción con la que cuento hasta el momento”, dice son resignación.

El reinado de la güera

Existen además otro tipo de redes de ambulantaje, como en la calle María Auxiliadora en la delegación Tlalpan, en donde los puestos ofrecen en su mayoría alimentos.

Para poder formar parte de los vendedores que se establecieron en ese lugar es necesario contactar a “la güera”, quien es la encargada de “controlar y permitir” el ambulantaje en esa zona. Ella no pide dinero a cambio de ceder lugares en la vía pública, pero afianza acuerdos para que los comerciantes la ayuden cuando ella lo pida, menciona uno de los vendedores de la zona. El tipo de ayuda que ella constantemente requiere es que cada uno de los vendedores a los que les concedió el lugar reúna alrededor de ocho personas para asistir a mítines y protestas de orden político.

Normalmente las personas que asisten a estos eventos no están informadas sobre la naturaleza de los mismos, ellos únicamente cumplen con la deuda que les generó el tener negocio en la calle donde todo parece indicar que “la güera” es la autoridad.

A cambio de asistir a dichas reuniones, los vendedores reciben por parte de esta organizadora la libertad de vender en la vía pública con la seguridad de que no serán molestados por la policía o personal de la delegación, ya que “la güera” se encarga de ello. A pesar de que ninguno de los vendedores cuenta un permiso oficial por parte de las autoridades correspondientes, ellos no sienten ninguna inseguridad, ya que la figura de esta mujer es reconocida por los supervisores de la vía pública en la delegación, así lo mencionan los vendedores de la zona.

Fotografía por Jessica Cuapio.

Fotografía por Jessica Cuapio.

Futuro del comercio informal

Según datos del INEGI, la economía informal genera actualmente un aproximado del 25% del PIB. El comportamiento del sector informal registró un aumento promedio de 2.09% entre 2004 y 2012 con incrementos en todos los años, indicando el creciente estado de este fenómeno en México y su influencia en el modo de vida de los mexicanos. La informalidad nos deja con grandes interrogantes acerca de la construcción de estos modelos de negocios de los que dependen 6 de cada 10 mexicanos, quienes carecen de seguridad social. Continúa pendiente la intervención por parte de las autoridades para regular la situación de un alto porcentaje de individuos que dependen de estas actividades laborales.

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